Después de un verano de acampadas por el Norte y Sur de España puedo concluir que lo peor de un camping no es que esté en medio de un secarral sin sombras, ni que los baños den asco o que parezca un poblado de chabolas. No, lo peor de un camping es la gente, que para aligerar peso se deja la educación en casa.Vamoavé, las tiendas son de tela, no de metacrilato. Por lo tanto, el sonido que hay alrededor entra y sale casi como si no existiene la tienda. Parece de perogrullo, pero hay gente que no se ha dado cuenta de ello y que se tira hasta las 6 de la mañana de cháchara con sus coleguitas. Vale, no están haciendo un botellón, no es un escándalo... Pero entonces, ¡por qué me sé las desventuras sexuales de más gente de la que quisiera!
Silencio absoluto no quiere decir que esté prohibido decir en bajo "pásame la linterna que voy a mear"; lo que prohibe son los abusos de gente que se cree que por hablar en un tono normal durante horas, no molesta a las diez tiendas que tiene alrededor. ¿Y los guardas? Esos no quieren problemas...Aún así, hay ruidos que no se pueden evitar. Y como paso de ponerme unos tapones para que otros puedan estar sin mordaza o un dispositivo de avance mandibular (adivinad de qué hablo), creo que el año que viene me van a ver poco por esos lugares. Una pena, porque los hay muy buenos, cuidados y en entornos impresionantes.










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